Por y para las mujeres: un grupo de ingenieras se une para transformar la experiencia de la mujer durante la realización de la mamografía

Año tras año, numerosos estudios indican que el diagnóstico precoz del cáncer de mama aumenta drásticamente las posibilidades de curación. “Se ha demostrado que la mamografía reduce la mortalidad en un 20% ,” nos cuenta Claire Goodliffe, directora de Marketing de GE Healthcare. Pero hay otra estadística mucho menos alentadora que le preocupa: hasta un 40% de las mujeres en Europa no se somete a los exámenes rutinarios. “Tienen miedo,” dice Goodliffe. “Tienen miedo a la prueba, tienen miedo a la molestia que puedan sufrir, y, sobre todo, les da miedo el resultado. Les da miedo tener cáncer.”

Por ello, Goodliffe y sus compañeras del campus de GE Healthcare en Buc, en las afueras de París, emprendieron la tarea de diseñar una solución: una mamografía que no “asustara” a las pacientes. “Mi filosofía es unir la ciencia y la empatía,” afirma Aurelie Boudier, una ingeniera industrial que se unió al proyecto de Goodliffe. “Queríamos desarrollar un aparato que cambiase la percepción común de las mamografías y transmitiese una sensación de seguridad a las pacientes,” añade Goodliffe. “Queríamos humanizar el examen médico”.

Este proyecto se sale de lo común porque, al igual que Goodliffe y Boudier, gran parte del trabajo de diseño, ingeniería y gestión se llevó a cabo por mujeres. “Queríamos que la mujer fuera el elemento central del mamógrafo”, explica Laura Hernández, otra integrante del proyecto. “Se trata de un aparato hecho por y para mujeres”.

La mamografía ya tiene su historia. En los años 60, los ingenieros franceses Jean Bens y Emile Gabbay desarrollaron una máquina de rayos X para la mama, que disponía un tubo especialmente adaptado que emitiese radiación de baja energía y aún así permitiese una visión detallada de la glándula mamaria. Llamaron al aparato senógrafo, y salió al mercado en 1966. GE Healthcare adquirió la compañía de Bens y Gabbay en 1987 y se ha dedicado a los sistemas de mamografía desde entonces.

No obstante, algunas décadas después, Goodliffe y sus compañeras cayeron en la cuenta de que la mamografía necesitaba algo más que una actualización tecnológica para derribar los obstáculos emocionales para la mujer a la hora de someterse a una prueba.

Por ello, el equipo de Goodliffe empezó por recopilar información encuestando a más de 1.200 doctores, técnicos y pacientes. Finalmente dieron con un hallazgo recurrente: las pacientes expresaron su incomodidad respecto al diseño de las máquinas examinadoras. Durante la prueba, la mujer debe colocar la mama sobre una plancha del tamaño de un ordenador portátil, estirar los brazos y sujetarse con la ayuda de unas asas colocadas en los laterales de la máquina. Algunas máquinas más antiguas suelen ser angulares y metálicas, y pueden resultar frías y dolorosas. “Mi reacción durante la prueba es apartarme lo antes posible”, nos cuenta Hernández; una experiencia que comparten muchas mujeres encuestadas. Los médicos, por su lado, preferían una máquina sin asas, ya que sujetarse a ellas implica tensar los músculos durante la prueba. “Los médicos necesitan que la paciente esté relajada”, indica Boudier.

Boudier utilizó los resultados de las encuestas para desarrollar un prototipo en su laboratorio en Buc. A continuación, la ingeniera Fanny Patoureaux ayudó a que la idea de Boudier se convirtiera en realidad, incorporando a la máquina una tecnología de imagen que permite obtener una visión en 2D y en 3D. Además, la máquina tiene una aplicación que ayuda a construir una “visión sintética” de la mama en un ordenador. Desde aquí, los algoritmos de “deep learning” indican zonas sospechosas. “La clave estaba en combinar toda esta tecnología avanzada con un diseño que transmita seguridad y comodidad para las mujeres”, afirma Patoureaux.

Fue todo un reto”, admite, pero trabajar codo con codo con Boudier le permitió eliminar todos los elementos que causan ansiedad en las pacientes cuando se someten a una prueba rutinaria. Y es que cada mujer es única, como también lo es el diagnóstico de cada mama.

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Este artículo ha sido adaptado del inglés. Para leer la historia original, haga click aquí.

 

Van Schoor G, Moss SM, Otten JD, et al. Increasingly strong reduction in breast cancer mortality due to screening. Br J Cancer 104:910-914, 2011.
Marmot MG, Altman DG, Cameron DA, Dewar JA, Thompson SG, Wilcox M. The benefits and harms of breast cancer screening: an independent review. Br J Cancer. 2013;108(11):2205-2240. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3693450/