3 de diciembre: día de la impresión 3D

Para los apasionados de la impresión 3D, la navidad se ha adelantado un poco – 22 días, para ser exactos. Y es que el 3 de diciembre es el Día Internacional de la Impresión 3D, una fecha muy especial para la industria que GE marcó en la agenda hace unos años.  Más allá de la brillante elección del día 3-D del calendario para conmemorar la aparición de esta tecnología revolucionaria, está claro que la impresión tridimensional merece este homenaje y muchos más.

Estamos acostumbrados a ver objetos impresos en 3D que son realmente interesantes, útiles, divertidos y… algunos que no lo son tanto. Seguramente la percepción que tenemos de las posibilidades que ofrece la impresión 3D no tiene mucho que ver con la realidad.

Se trata de una herramienta muy útil para tratar problemas que se pueden solucionar con piezas pequeñas que requieren muchísima precisión. Sabemos que está ayudando a mejorar la vida de muchas personas, por ejemplo, en el campo de la cirugía plástica: creando pequeñas placas de titanio que son réplicas exactas de los huesos del paciente. O que los avances tan extraordinarios que se están produciendo en el área de las prótesis pueden cambiar la vida a más de 30 millones de personas. Pero también existen otro tipo de objetos en 3D muy variados: desde piezas para coches, hasta joyería, pasando por implantes dentales.

 

Todo esto es posible gracias a las llamadas tecnologías de fabricación aditiva. Estas tecnologías (la impresión 3D es una ellas) están cambiando la industria de fabricación de objetos y componentes de la misma y radical manera en la que Internet ha cambiado a las industrias de la información y el comercio. El concepto es muy sencillo, pero a la vez muy espectacular: en lugar de moldear una pieza, ésta se construye agregando material capa tras capa. Esto permite a los ingenieros fabricar directamente las piezas que necesitan, sin tener que involucrar a múltiples proveedores y haciendo desaparecer juntas, tornillos o soldaduras. Las piezas resultantes son un 40% más ligeras y un 60% más baratas.

 

En este episodio de la serie GE In The Wild nos explican paso a paso cómo funciona esta tecnología. (VIDEO)

 

Las impresoras 3D ya son parte fundamental del desarrollo de piezas para motores de aviación, turbinas de gas o equipamientos petrolíferos. En Cameri (Italia), lo tienen claro. Tanto, que si te das un paseo por las instalaciones de Avio Aero (ahora parte de GE Aviation) podrás observar en directo el futuro de cómo GE fabrica los discos de la turbina TiAI para el GE9X, un motor aún más grande que el GE90.

 

En la planta de Cameri hay 20 máquinas de impresión 3D desarrolladas por Arcam (la empresa sueca y la alemana Concept Laser fueron adquiridas por GE Additive el otoño de 2016). Mediante un haz de electrones funden y unen capas de un material llamado aluminuro de titanio (TiAl), que es un 50% más ligero que las aleaciones de níquel. Con ese haz de electrones se consiguen potencias 7 veces superiores al láser utilizado normalmente para ‘imprimir’ piezas metálicas. El resultado: se pueden conseguir piezas hasta cuatro veces más gruesas. Las palas de la turbina de baja presión del motor GE9X, el motor de aviación más grande del mundo, se construyen así.

Como dice Franco Tortarolo, encargado de los programas de investigación en Avio Aero: ‘La fabricación capa a capa es la tecnología más emocionante que existe hoy en día. Si Leonardo da Vinci pudiera ver lo que estamos haciendo, estaría orgulloso’.

 

Otro ejemplo en el mundo de la industria de la aviación que GE ha llevado a cabo es el de la impresión 3D de boquillas de combustible para los motores de avión. Se trata de boquillas muy complejas, compuestas de más de 20 partes distintas que son casi imposibles de fabricar en una sola pieza. ¿Por qué no desistir y realizar otro tipo de boquilla? El motor de avión que se realiza gracias a este tipo de boquilla reduce drásticamente el consumo de combustible y, por lo tanto, las emisiones. Por ello, era necesario producir la sofisticada y compleja boquilla. “Intentamos lanzarla 8 veces, y fracasamos en todas”, recuerda Mohammad Ehteshami, el que fuera director general de GE Aviation y que lidera ahora el negocio de GE Additive.

Pero la impresión 3D lo cambió todo. No solo fue capaz de combinar las 20 piezas de la boquilla en una sola; además, pesaba un 25% menos y era cinco veces más duradera. “Es el sueño de cualquier ingeniero”, nos cuenta Ehteshami, “¡Nunca imaginé que llegaría a ser posible!”

Ehteshami llama a este “despertar” la “epifanía de la disrupción”.  Según nos dice, una vez empiezas a pensar en ello, te das cuenta de que es hora de moverse, antes de que otros tomen la delantera. “Te emocionas porque eres un ingeniero, pero también te da miedo porque eres un ser humano. Ambas sensaciones se implantan dentro de ti hasta que dices: ‘Tengo que hacerlo, tengo que hacerlo’. Y empiezas a correr.”

 

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