Big Data. El viaje ha comenzado.

No puedes perder este tren.

El debate está en la calle, en los blogs de tendencias del mundo digital, en el ámbito industrial y empresarial. No hay reunión de negocio en el que no se hable de Big Data. ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Cómo afecta a la vida de las personas? ¿Y a las industrias?  ¿Va a cambiarlo todo o es una moda pasajera?

Miles de informes, ‘demos’ y análisis recogen su impacto en los negocios y los modelos de relación con clientes y resto de grupos de interés. Y artículos como estos -son solo un ejemplo-   Así cambiará tu vida el big data en 11 ejemplos prácticos ó  The big data future has arrived, constatan la relevancia del Big Data en nuestro futuro más próximo.

En los últimos meses, he tenido la ocasión de reflexionar sobre el término y sus implicaciones en las empresas, proyectos y personas. En foros sobre tendencias que cambiarán el mundo y España, en encuentros y charlas más reducidas con empresarios que no dejan de poner su modelo en cuestión pero que, en ocasiones, necesitan guías y evidencias para dar el paso y emprender el camino del cambio. Un camino nada fácil, que comporta decisiones difíciles y no está exento de incertidumbres. Pero ya decía Machado que no hay camino, se hace camino al andar.

El Big Data es un término que tiene muchas acepciones, unas más acertadas que otras, pero siempre hace referencia a la gestión de grandes volúmenes de datos. Es decir, información que puede convertirse en una gran ventaja competitiva. LA ventaja competitiva.

La información, sin embargo, siempre ha existido. ¿Por qué ahora, de repente, cobra tanta importancia? Me atrevería a apuntar al menos dos razones. La primera, por las magnitudes de las que estamos hablando: ¡el 90% de los datos disponibles se han generado en los últimos dos años! Y el ritmo de crecimiento no se detiene. En 2020 el volumen de datos se habrá multiplicado por 13. La segunda, y quizá más importante, por el importante efecto que tendrá sobre nuestras decisiones estratégicas y de negocio.

Por primera vez en la historia de la humanidad existen más dispositivos conectados que seres humanos. Cada día se instala un millón de nuevos sensores. Mañana, apuesto a que más: se trata de un mundo por descubrir día a día del que aún no podemos determinar todo su potencial.

Lo que sí que sabemos con seguridad es que nunca antes habíamos tenido una capacidad de análisis como la de ahora. Ni más accesible. Una capacidad que nos permite, incluso, encontrar lo que no buscamos y revelarnos soluciones que pueden ser clave para el desarrollo de nuestro negocio. Sin esta capacidad de análisis, los datos sirven para poco. El zettabyte (1.000 millones de terabytes de información que equivalen al contenido de 50 Bibliotecas del Congreso de los EE.UU.) que genera un parque eólico cada 13 días, no valdría para casi nada sin capacidades analíticas.

Ahora, con ese análisis, podemos incrementar la productividad, utilizando mejor nuestros activos, asignando más eficientemente los recursos, conociendo mejor a nuestro cliente, el entorno en el que operamos y el mercado, y, en definitiva, proponer productos o servicios de más valor añadido y mayor nivel de aceptación. Ser más rápidos y tener mayor capacidad de anticipación.

El impacto es enorme. Un aumento del 1% de la productividad en sectores como la sanidad supondría unos 60.000 millones de dólares en los próximos 15 años. Solo por eso, la integración del Big Data en las empresas es rentable, pero aún hay más, mucho más. La oportunidad verdaderamente disruptiva reside en la capacidad de predicción que nos proporcionan estos increíbles volúmenes de datos. Combinando el aprendizaje continuo de las máquinas con las nuevas soluciones de inteligencia artificial y los algoritmos de análisis, podemos predecir muchos eventos casi con un 100% de seguridad: desde cuándo se va a averiar una máquina hasta, incluso, qué tipo de enfermedades vamos a desarrollar.

Sin embargo, para aprovechar estas oportunidades y potencialidades, necesitamos resolver algunos problemas importantes. Por ejemplo, ¿cómo es posible que nuestra productividad actual sea un 75% menor que la de las dos décadas anteriores? La respuesta: porque se trabaja con menos del 3% de los datos disponibles.

Todos los días iniciamos una carrera. Ahora como consecuencia de esta transformación que pone el contador a cero, ha salido el coche de seguridad y nos ha agrupado a todos. Pero la carrera continúa y cuando el coche se retire, los primeros clasificados se distanciarán a una velocidad increíble. Y probablemente no sean nuestros competidores tradicionales.

Y tenemos un amplio margen de mejora.  En el índice DESI, un indicador de la economía y sociedad digital que agrega 5 valoraciones en conectividad, capital humano, uso de Internet, integración de tecnología digital y servicios públicos digitales España ocupa la decimoquinta posición sobre un total de 28 estados miembros de la UE,.

El cambio no es fácil, pero la buena noticia es que no imposible, sea cual sea el punto de partida.

GE es una compañía con más de 300.000 empleados, líder en la mayoría de los sectores en los que opera, que hace no muchos años inició su mayor transformación de sus 140 años de historia. ¿Cómo? Tomando decisiones: vendiendo más del 40% de su negocio y realizando adquisiciones clave para liderar la nueva Industria Digital. Desde el convencimiento de que, si no lo hacíamos nosotros, lo harían otros.

La transformación requiere la toma de decisiones de calado y de apuestas firmes, que trastocarán nuestra forma de entender las cosas y abordar los negocios y nuestros modelos organizativos y de liderazgo. Y va a llegar a todos. Algunos cogerán el tren de la revolución. Otros, sólo podrán despedirnos desde el andén de la estación, sabiendo que perdieron la oportunidad. Hoy, todavía, estamos a tiempo.

Daniel Carreño, Presidente y Consejero Delegado de GE Iberia